Laboratorio de Periodismo | Condé Nast ha empezado a planificar sus negocios digitales bajo una hipótesis que resume el cambio más profundo que afrontan los grandes editores en la nueva etapa de la búsqueda con inteligencia artificial: el tráfico procedente de Google puede dejar de ser una base fiable para sostener ingresos, audiencias y previsiones comerciales. Roger Lynch, consejero delegado del grupo propietario de Vogue, The New Yorker, Vanity Fair, Wired, GQ, Architectural Digest, Condé Nast Traveler y Pitchfork, ha trasladado a sus equipos que preparen sus planes como si el tráfico de búsqueda fuera cero, después de varios ejercicios en los que las caídas reales superaron las previsiones internas.
La instrucción no significa que Condé Nast espere una desaparición literal e inmediata de Google como canal de entrada. Lynch ha explicado que su previsión es que la búsqueda termine representando una parte de un solo dígito dentro del tráfico total. La diferencia es empresarial: el grupo ha dejado de organizar sus presupuestos bajo la expectativa de que Google seguirá enviando un volumen significativo de usuarios y ha pasado a considerar cualquier tráfico procedente del buscador como un añadido, no como una premisa estructural del negocio.