
CARMEN MARTÍNEZ CASTRO / EL DEBATE
The Economist ha publicado esta semana un especial que debiera ser de obligada lectura para periodistas en ejercicio y para quienes aspiran a serlo. Cuando apenas falta un año para las nuevas elecciones de Estados Unidos y el posible regreso de Donald Trump a la presidencia del país, los responsables de la revista han hecho el admirable ejercicio de preguntarse por el papel de los medios de comunicación en el evidente deterioro de la democracia en EE.UU. Incluso se han tomado el trabajo de probar estadísticamente el sesgo izquierdista mayoritario entre los principales medios. Si la Fox es la única televisión alineada claramente con posiciones conservadoras, el resto de cadenas presentan una indudable afinidad con la izquierda. Y esta tendencia no solo se pone de manifiesto en opiniones editoriales sobre cuestiones políticas, sino en toda una ideología progresista que impregna, tanto la selección de asuntos sobre los que se informa, como el lenguaje que se utiliza para ello. El especial cuenta además con un pequeño ensayo de James Bennet, antiguo responsable editorial del The New York Times, que disecciona la progresiva decadencia del periódico hasta convertirse en el panfleto woke que es hoy.
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