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‘Un adiós tranquilo y respetuoso’, por Manuel Negrín

“Domingo Álvarez siempre estuvo dispuesto a escuchar todas las opiniones. Porque el respeto a esas opiniones, a otros pareceres o ideas, fue su santo y seña”.
Domingo Álvarez
Domingo Álvarez, en una imagen tomada en 2001. (ACAN)

Manuel Negrín | Decir un adiós terrenal siempre es duro. Hacerlo con una persona a quien quieres, admiras, es tu amigo, como de la familia, es algo más que duro y difícil de digerir sin que afloren sentimientos muy profundos. Son esos momentos en que, inevitablemente, llegan los recuerdos. Pero lo bueno que saco en conclusión es que esos tiempos de nuestra vida en que yo y mi familia, convivimos con Domingo, y también con parte de su familia, fueron siempre momentos agradables, gratos y cordiales. Y me parece que así ha sido también con las muchísimas personas que tuvieron el placer de compartir con él así fuera una pequeña charla. Porque esa era el modo de pensar y de actuar de Domingo Álvarez, con sencillez, claridad y honestidad. Bondades, cualidades, que le venían de cuna, ya que era fiel reflejo del modo de actuar de sus padres y hermana.

Profesionalmente Domingo Álvarez ha tenido una trayectoria, además de brillante, intachable, por su rectitud, por su paciencia y tranquilidad, por su impronta personal allá donde estuviera y en cualquier circunstancia. Excelente comunicador desde sus inicios, cuando sus padres me decían que grababa todo lo que podía, incluidas sus intervenciones en radio, y luego lo repasaba para poder descubrir fallos o mejorar desde las palabras hasta la entonación. Así nació un profesional de la comunicación que llevaba grabado a fuego ese Código Deontológico tantas veces vituperado por otros periodistas con título, pero sin alma.

Resulta curioso que, como él recordaba en algunas ocasiones, en sus primeras clases en el Curso de Radiofonismo en Radio Juventud de Canarias apenas hablaba… pero se notaba que no se le escapaba ni un ápice de las enseñanzas recibidas. Por eso siempre estuvo dispuesto a escuchar todas las opiniones. Porque el respeto a esas opiniones, a otros pareceres o ideas, fue su santo y seña.

Con éstas y otras muchas virtudes vivió Domingo Álvarez. Lo mejor, que lo transmitió y retransmitió como los ángeles. Esos que ahora son sus nuevos compañeros de travesía. D.E.P. querido y apreciado amigo.

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