Basilio Baltasar (La Vanguardia) | La doble vocación del periodismo cultural nos coloca en una oscilante maroma: los autores se consideran tratados con justicia cuando son elogiados y mal tratados injustamente cuando son criticados. No les falta razón. Al fin y al cabo, ¿quiénes somos nosotros, los mendicantes periodistas culturales, para poner el dedo en la llaga?
Aunque lo cierto es que aquí está la gracia de nuestra profesión. Somos herederos de la Ilustración, obligados con la educación permanente del ciudadano, con el pensamiento crítico y se nos ha invitado a poner en cuestión todo lo que se hace en nombre de la cultura. Somos informadores y al mismo tiempo cancerberos. Aunque no esté bien decirlo.