Carlos Dávila (The Objective) | Nosotros sí que fuimos compañeros de pupitre desde el primer Curso de Periodismo. Entonces ya era un gallego formal, culto y un pelín sarcástico que se juntaba con los más avezados de la clase. Creo que, sin cumplir los 20 años, ya escribía. Y lo hacía bien.
En un certamen de Redacción planteado por el profesor de la asignatura, Fernando creo que quedó destacado; no recuerdo en qué lugar, pero sí que su contribución era todo un canto a la aldea gallega donde nació. Nunca supe si era Mosteiro o Pol, porque ya se sabe que los habitantes de ese Noroeste galaico siempre acumulan dos nombres para un mismo concepto, la forma que tienen de despistar a los demás. Aquella composición, casi púber, nos impresionó a todos: era lírica sin ridiculez, sentida como reivindicación, pergeñada más con el alma que con la pluma.