Abraham Santibáñez (El País) | Durante la dictadura, el periodista Emilio Filippi adoptó una costumbre que hoy parecería absurda y tal vez ridícula: en el bolsillo de su chaqueta mantenía permanentemente un billete de cien dólares. Era, explicaba, por si lo detenían y era puesto en un avión al extranjero. Nunca tuvo que usarlo, pero era una precaución razonable: en esos años, ser comunicador implicaba el riesgo de recibir amenazas, ser detenido (incluso asesinado) o enviado al exilio.
No era broma. Una noche le lanzaron al jardín de su casa -vecina a la del general Fernando Mattei- una cabeza de chancho con una bala en la frente.