Miles de días en los periódicos 22 / ‘El primer viaje a Barcelona’, por Juan Cruz Ruiz
“De esa Barcelona cambiante me enamoré como ciudadano, y también como periodista, así que aquí he venido cada vez que he querido saber cómo iban las cosas”.
“De esa Barcelona cambiante me enamoré como ciudadano, y también como periodista, así que aquí he venido cada vez que he querido saber cómo iban las cosas”.
“La memoria me trae desde hace días las ideas geniales que a veces tenía el más excéntrico de nuestros fotógrafos en el periódico EL DÍA, Rafael Ramos”.
Si la noticia que das es mala o responde a mercancías averiadas que te venden como tales los listos de turno, es imposible que el comentario que la prosiga sea otra cosa que una impostura.
“Cuando me encuentro con Fajardo o voy a verlo a su casa siento aquellas sensaciones que producen los sitios en los que se vive para el arte de la pintura y de la música, o para el arte de recibir”.
“A veces me llamaban los linotipistas para que les ampliara un texto ajeno y cumplir así con el espacio que le habían dejado en la página a esta o aquella noticia”.
“La energía de Teddy Bautista rebatía por completo esa simpleza que nos atribuye a los canarios una modorra que no existe. En él, en concreto, no existió en grado alguno”.
“Ya es tarde para renacer, pero no está mal seguir durando, para seguir haciendo lo que más gusto me ha proporcionado entre todos los oficios que preceden a la presente ocupación tan absorbente”.
“La Tarde no sólo era un periódico, era un sitio donde se sentaban a escribir frenéticamente tipos geniales como el ya citado Alfonso García-Ramos y el insólito Paco Pimentel”.
“Este es un oficio glorioso que a mí me ha dado la oportunidad, por ejemplo en Las Palmas de Gran Canaria, de encontrarme con personas formidables, maestros muy queridos”.
“El periódico me pagaba cuando le parecía que yo debía cobrar, porque se estimaba que entonces era un meritorio que estaba aprendiendo el oficio”.