Juan Cruz Ruiz y Joaquim Bosch presentan en Tenerife sus últimos libros
El periodista y escritor portuense viaja en la novela en ‘Mil doscientos pasos’ (Alfaguara) hasta los años de la posguerra.
El periodista y escritor portuense viaja en la novela en ‘Mil doscientos pasos’ (Alfaguara) hasta los años de la posguerra.
“Lo vi entrar por primera vez en clase con una carpeta de cuero marrón, caminaba como si se fuera a ir para otro lado, ágil y diestro, siempre atento, de joven y de veterano”.
“Cuando supe del encarcelamiento de Julio me vino a la memoria de los sentimientos aquel recuerdo habitual del muchacho de pantalón corto en el canal de Suez portuense”.
“En el Tagoror, la sección literaria que Salcedo me encargó montar, imité sucesivamente las maneras de escribir de Gabriel García Márquez y de Mario Vargas Llosa, entre otros”.
“Whisky hubo, naturalmente, era un tiempo de mucho whisky, pero hubo también mucho arte, y buen arte, y mucho esfuerzo por hacerlo plural, sorprendente y conocido”.
“La verdad es que para mí fue una lección conocer a don Pascual Calabuig, y también fue una lección que mi madre dijera que era un hombre bien educado”.
“Ascanio era un racionalista, sus primeras páginas eran de colección, las configuraba como si fuera un arquitecto racionalista, una especie de Josep Lluis Sert del diseño periodístico”.
“A pesar de que hice Filosofía y Letras y además Periodismo, ninguna de esas dos largas asignaturas las seguí como es debido, porque muy pronto sentí la llamada de las redacciones”.
“Raguez apareció muerto el mismo día en que llegaba a nuestra ciudad el féretro con nuestro querido amigo Paco Afonso, fallecido en el horrible incendio de los montes de La Gomera”.
“Yo recogía del suelo, cuando iba a la escuela, periódicos rotos, para leerlos caminando, y a veces leía libros bajando la calzada que me lleva de la casa al barrio marinero del Puerto de la Cruz”.